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Empleo rural y equidad de género

La cuestión de género es un factor determinante para el acceso a los recursos productivos. Asimismo, en ella se basa la división del trabajo dentro de los hogares, para el valor social que se atribuye a los diferentes tipos de trabajo y para el poder de negociación, lo que convierte esta perspectiva en un elemento clave a fin de promover el trabajo decente.

Aunque la desigualdad de género varía considerablemente entre las diferentes regiones y sectores, resulta evidente que a escala mundial las mujeres se benefician menos que los hombres del empleo autónomo o remunerado en el medio rural. Las mujeres se enfrentan a desigualdades en todos los pilares del trabajo decente. Las mujeres a menudo trabajan en los empleoso peor pagados y más precarios y soportan los efectos que éstos conllevan, en los tramos inferiores de sus ocupaciones.

En una gran cantidad de literatura, se ha tratado el fenómeno de la "feminización" de los mercados laborales rurales.  La guerra,  las enfermedades, las epidemias de VIH y SIDA, así como la migración de los hombres, han dado lugar a una mayor proporción de mujeres que trabajan en la agricultura. Al disminuir la participación de los hombres en la agricultura, el papel de la mujer en la producción agrícola se vuelve cada vez más dominante, especialmente en la agricultura de subsistencia. Sin embargo, las mujeres tienen dificultades en relación a los hombres en el acceso a la tierra, al crédito, a una amplia gama de tecnologías, a la información,  el asesoramiento y la formación (FAO, 2011).

El empleo vulnerable – definidos como personas que tienen menos probabilidades de tener acuerdos  formales de trabajo o carecen de acceso a prestaciones o programas de protección social y, por lo tanto, están más a merced de la volatilidad de los ciclos económicos (OIT, 2008) - es muy frecuente entre las mujeres que trabajan en la agricultura: la vulnerabilidad se asocia a menudo a brechas salariales entre hombres y mujeres, escasa representación, insuficiente seguridad, riesgos laborales y a la pobreza en general.

Por otra parte, las mujeres de las zonas rurales siguen siendo afectadas por la invisibilidad de su  trabajo, ya que las actividades realizadas en la economía del hogar no se valoran en términos monetarios. Tienen una participación preponderante en las labores domésticas y reproductivas, que son cruciales para el mantenimiento de los hogares, las familias, los clanes y las comunidades pero al considerarse como una extensión de los deberes del hogar, no se les reconoce un valor económico. El traspaso de muchas de estas tareas asistenciales a las niñas/hijas tiende a perpetuar los ciclos de empobrecimiento y las desigualdades de género.

Los niños de las zonas rurales, especialmente las niñas, tienden a empezar a trabajar a una edad muy temprana, a veces entre los 5-7 años de edad. Las diferencias de género en el trabajo infantil aumentan con la edad y contribuyen a la determinación del tipo de trabajo realizado por niñas y niños, del número de horas trabajadas, así como de sus oportunidades de educación. Como tal, la división del trabajo infantil en función del género en términos de tareas y actividades perpetúa el ciclo de pobreza y la desigualdad de género para los niños afectados, sus familias y comunidades.

El empleo con equidad de género es un componente central del esfuerzo de la FAO y la OIT para la promoción del trabajo decente en las áreas rurales, específicamente en la agricultura, la pesca y la silvicultura. La dos organizaciones, en colaboración con el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), organizaron en Roma, desde el 31 de marzo hasta el 2 de abril de 2009, un taller técnico para expertos con el título "Componentes de género y empleo rural: caminos diferentes para salir de la pobreza". El taller permitió analizar las tendencias y temáticas, identificar las lagunas y diseñar medidas innovadoras de política y buenas prácticas sensibles al género a fin de potenciar los mercados de trabajo rural para mujeres y hombres. Los resultados del taller incluyen un amplio estado del arte y la publicación de una serie de siete documentos de orientación de política.

Las desigualdades de género se reflejan también en la representación de los trabajadores y productores, sobre todo en las instituciones organizadas de trabajadores, tales como los sindicatos y las formas tradicionales de acción colectiva, en los que las mujeres y sus intereses están notoriamente sub-representados. La OIT está trabajando para fortalecer el conocimiento de sus constituyentes sobre la libertad sindical en la economía rural. En el marco del Programa de Asociación OIT/Suecia, y de su proyecto para la incorporación de las cuestiones de género, se desarrollarán dos herramientas globales para identificar y  analizar las carencias y las oportunidades de acción. Como parte del paquete, se está desarrollando un manual específico  de capacitación en género  para los sindicatos , para fortalecer  las capacidades de los trabajadoras rurales. El manual pretende informar a las mujeres rurales sobre sus derechos de libre asociación, para fomentar su capacidades de organización y participación en los procesos de negociación colectiva  junto a los hombres. El manual proporcionará también consejos prácticos para los formadores, información de contexto, una lista práctica de desafíos que afrontan las trabajadoras rurales en relación a sus derechos de libre asociación y las medidas para superarlos. El manual complementa otro manual previamente publicado por la OIT “Igualdad de género: guía para la negociación colectiva”.

Una Reunión de Expertos para adoptar un Código de prácticas sobre seguridad y salud en la agricultura se celebró en Ginebra, 25-29 de octubre de 2010. La FAO participó en el evento y un primer borrador del Código fue adoptada antes de su aprobación definitiva por el Consejo de Administración de la OIT. El objetivo general de este código de prácticas es ayudar a promover más una cultura de prevención en materia de SST en la agricultura a nivel mundial. Es importante destacar que las normas de SST que afectan a las mujeres trabajadoras han sido tradicionalmente infravalorado, ya que estas normas y los límites de exposición a sustancias peligrosas se basan en la población masculina y pruebas de laboratorio. Teniendo en cuenta las dimensiones de género de la SST en la agricultura, este código refleja de cerca la realidad del sector (Ver también: Seguridad y Salud).
 

Contactos

Punto focal de la FAO: Peter Wobst, ESW (Peter.Wobst@fao.org)

Punto focal de la OIT: Susan Maybud, GENDER (maybud@ilo.org)