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Empleo rural y equidad de género

La cuestión de género es un factor determinante para el acceso a los recursos productivos. Asimismo, es la base para la división del trabajo dentro de los hogares, para el valor social que se atribuye a los diferentes tipos de trabajo y para el poder de negociación, lo que convierte esta perspectiva en un elemento clave a fin de lograr los resultados de trabajo decente. Aunque la desigualdad de género varía considerablemente entre las diferentes regiones y sectores, resulta evidente que a escala mundial las mujeres se benefician menos que los hombres del empleo autónomo o remunerado en el medio rural. Las mujeres se enfrentan a desigualdades en todos los pilares del trabajo decente: creación de empleo y desarrollo de empresas, protección social, normas y derechos laborales, gobernanza y diálogo social.

Las desigualdades de género están muy extendidas en los mercados de trabajo rural, en los que las mujeres y los hombres suelen trabajar en diferentes combinaciones de empleo, por ejemplo: como agricultores autónomos, jornaleros temporeros, empleadores y trabajadores familiares no remunerados. Las mujeres a menudo trabajan en las formas de empleo peor pagadas y más precarias y soportan los efectos que éstas conllevan, en los tramos inferiores de sus ocupaciones. Por otra parte, las mujeres de las zonas rurales siguen afectadas porque su trabajo en la economía del hogar no se valora en términos monetarios. Tienen una participación preponderante en las labores domésticas y reproductivas, que son cruciales para el mantenimiento de los hogares, las familias, los clanes y las comunidades pero que se consideran como una extensión de los deberes del hogar y, por ende, no se les reconoce un valor económico. El traspaso de muchas de estas tareas asistenciales a las niñas/hijas tiende a perpetuar los ciclos de empobrecimiento y las desigualdades de género.

El empleo vulnerable es un nuevo indicador que incluye a aquellas personas que a menudo no tienen acuerdos de trabajo formales o carecen de acceso a prestaciones o programas de protección social y, por consiguiente, están más a merced de los ciclos económicos (OIT, 2008). La vulnerabilidad se asocia a menudo a las brechas salariales entre hombres y mujeres, la escasa representación, la insuficiente seguridad, los peligros y la pobreza en general. En el último decenio, en todas las regiones, han mejorado las condiciones de empleo de mujeres y hombres en los mercados de trabajo rural. Un ejemplo de esta mejora ha sido el cambio de situación de los trabajadores familiares que de ser un apoyo familiar han pasado a ser trabajadores asalariados o empleadores. En muchos textos se ha debatido la “feminización” de los mercados de trabajo rural, ya que la guerra, las enfermedades y la muerte a causa del VIH/SIDA, así como la migración de los hombres han incrementado la proporción de mujeres que trabajan en la agricultura. Dado que la participación de los hombres en la agricultura disminuye, la función de las mujeres en la producción agrícola se vuelve cada vez más preponderante.

Por lo general, la organización y la sindicación en las zonas rurales son deficientes, y las desigualdades de género se reflejan también en la representación de los trabajadores y productores, sobre todo en las instituciones organizadas de trabajadores, tales como los sindicatos y las formas tradicionales de acción colectiva, en los que las mujeres y sus intereses están notoriamente sub-representados.

El empleo con equidad de género es una prioridad para la FAO y la OIT puesto que es un factor fundamental en sus esfuerzos conjuntos por promover el trabajo decente. La FAO y la OIT, en colaboración con el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), organizaron en Roma, del 31 de marzo al 2 de abril de 2009, un taller técnico para expertos con el título “Lagunas, tendencias e investigación en la dimensión de género del empleo rural y agrícola: caminos diferentes para salir de la pobreza”. El taller permitió analizar las tendencias y temáticas, identificar las lagunas y compilar innovadoras medidas de política y mejores prácticas relacionadas con el género a fin de potenciar los mercados de trabajo rural para mujeres y hombres.

Contactos

Centro de coordinación de la FAO: Peter Wobst, ESWD (Peter.Wobst@fao.org)

Centro de coordinación de la OIT: Susan Maybud, GENDER (maybud@ilo.org)

© ILO/e6845/T. Falise

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