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Los asalariados agrícolas

Los asalariados agrícolas son aquellos que trabajan en las explotaciones agrícolas y las plantaciones y en las instalaciones primarias de elaboración para la producción de alimentos y fibras. Se trata de trabajadores que reciben algún tipo de "salario" en efectivo o en especie y no poseen ni alquilan la tierra ni los instrumentos utilizados en su labor. Se incluyen trabajadores permanentes a tiempo completo, estacionales, temporales, casuales, migratorios, indígenas, a destajo (es decir, pagados por unidad de trabajo) y también pequeños agricultores que a menudo realizan tareas agrícolas pagadas a fin de completar sus propios ingresos.

Se estima que en el mundo hay 450 millones de trabajadores asalariados en el sector agrícola, el 40 por ciento de la mano de obra agrícola mundial, y el número aumenta en todas las regiones. Se encuentran entre los grupos más afectados por la pobreza y la inseguridad alimentaria: en muchos países, más del 60 por ciento vive en condiciones de pobreza. El trabajo agrícola es físicamente exigente y peligroso; el riesgo de accidentes se incrementa debido a herramientas mal diseñadas, malas condiciones de trabajo,  mala salud en general o por trabajar desde una edad muy temprana, como en el caso de los niños trabajadores, lo que se asocia también con formación inadecuada y sistemas de protección social deficientes. En comparación con los trabajadores de otros sectores, el riesgo de los trabajadores agrícolas de morir en el trabajo es dos veces mayor: alrededor de 170.000 trabajadores agrícolas mueren cada año y millones sufren lesiones. Además, el empleo agrícola se basa a menudo en acuerdos informales, en el sentido de que, en la mayoría de los países, los asalariados agrícolas no se pueden amparar a la protección de los marcos legales y no están cubiertos por ningún tipo de protección social. Aun cuando existe una normativa nacional, su aplicación efectiva es generalmente débil.

Los trabajadores agrícolas en muchos casos están también mal pagados, con niveles salariales muy inferiores a los de los trabajadores industriales o urbanos, lo que continúa alimentando la presión económica que lleva a la emigración rural hacia las zonas urbanas. Los trabajadores agrícolas no forman un grupo homogéneo, y existe una amplia gama de acuerdos contractuales y de relaciones laborales. La heterogeneidad en el sector, el predominio de la informalidad las dificultades organizativas en grandes áreas geográficas son las principales causas de su bajo nivel de organización y sindicalización. Por otra parte, los obstáculos legales al derecho de organización de los trabajadores agrícolas persisten en un número significativo de países. Esto, a su vez, es uno de los principales determinantes de su continua invisibilidad ante los responsables de formulación de políticas y las instituciones a nivel micro y macro: los grupos de la sociedad civil que trabajan directamente con los asalariados agrícolas reciben todavía poco apoyo para fortalecer sus capacidades y mejorar de sus medios de vida, si se compara con otros grupos de agricultores.

En el futuro, el número de trabajadores agrícolas implicados en empleo asalariado en las zonas rurales  continuará aumentando en modo constante. Debido a la creciente demanda de alimentos de alto valor, la agricultura comercial ganará probablemente cada vez más relevancia, y es previsible que aumentará la demanda laboral en la agroindustria moderna, en la distribución y en la venta al público en los mercados de alimentos. Una tendencia preocupante es la creciente proporción de trabajadores que son empleados como mano de obra temporal u ocasional con  contratos a corto plazo, diarios o estacionales, con peores condiciones salariales y laborales. A menudo son contratados a través de o por los contratistas, lo que crea una zona gris en torno a las responsabilidades del empleador, un fenómeno que podría llevar a un incumplimiento de la legislación laboral.

Las mujeres asalariadas agrícolas constituyen el 20-30 por ciento de la fuerza de trabajo asalariada, llegando a  un 40 por ciento en América Latina y el Caribe; el porcentaje está aumentando en la mayoría de las regiones (OIT, FAO, UITA, 2007). Más a menudo que los hombres, las mujeres suelen tener empleos a tiempo parcial, estacionales y / o mal remunerados en la economía informal. Sin embargo, existen diferencias entre regiones y sectores. Por ejemplo, las mujeres trabajadoras dominan las cadenas de valor de muchos productos de alto valor como frutas frescas, verduras, flores y productos de origen animal, especialmente en África y América Latina. En muchos casos, estas cadenas modernas ofrecen a las mujeres mejores salarios y condiciones de trabajo  que el empleo agrícola tradicional.

Los asalariados agrícolas desempeñan actualmente una importante función en el desarrollo rural y agrícola. Sin embargo, su potencial para contribuir a una producción mayor y más sostenible de alimentos y a la seguridad alimentaria sigue prácticamente inexplorado. Sus sindicatos necesitan un mayor apoyo político, financiero y técnico para desempeñar un papel más dinámico en el futuro y tener la posibilidad de fortalecer los vínculos con las organizaciones de productores, para promover el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza.

Existe una historia de colaboración entablada entre la FAO y las organizaciones de asalariados agrícolas, con puntos culminantes en la década de 1980 y los primeros años de la década de 1990. En los últimos años, la FAO ha renovado la colaboración con la Unión  Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines (UITA) y sus afiliados centrándose en la capacidad institucional de crear organizaciones de trabajadores agrícolas y de sus afiliados. Comenzó por medio de la Iniciativa de Agricultura y Desarrollo Rural Sostenibles (ADRS) y continuó en el marco del Memorando de Entendimiento entre la FAO y la OIT.

En la estructura tripartita de la OIT, los asalariados agrícolas están representados mediante sus organizaciones junto con las organizaciones gubernamentales y de los empleadores. En la OIT, el departamento de la  Oficina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV) actúa directamente con los trabajadores y sus organizaciones incluyendo a los trabajadores del sector agrícola. En septiembre de 2003, el Simposio Internacional de Trabajadores sobre el Trabajo Digno en la Agricultura (en inglés) hizo un llamado a la OIT para que «…intensificara su colaboración con la FAO en las cuestiones de interés común: (1) la causa y el efecto de la disminución en los precios mundiales de los productos básicos y sus repercusiones en el empleo rural y los medios de subsistencia de los pequeños productores; (2) agricultura y desarrollo rural sostenibles (ADRS) y el compromiso de los sindicatos y las organizaciones de los trabajadores en la ejecución de la Iniciativa ADRS; (3) seguridad alimentaria; (4) creación de capacidades y capacitación de los líderes de los sindicatos y las cooperativas en la formulación de políticas agrícolas participativas; y (5) concienciación sobre los temas de salud e inocuidad con especial atención a la prevención del VIH/SIDA entre los jóvenes de las zonas rurales».

Contactos

Punto focal de la FAO: Peter Wobst, ESW (Peter.Wobst@fao.org)

Punto focal de la OIT: Lene Olsen, ACTRAV  (olsen@ilo.org)